Duendecito gomillero


Uno de los momentos más traumáticos y angustiosos del ser humano con pelo más que corto es la búsqueda de la(s) gomilla(s) perdida(s).

Es bien sabido por todos que cuando te llega ese momento, te enrolas en un desesperado rebuscamiento por cada mesa, caja bolsito, cada hueco de tu casa. No hay cajón de tu cuarto que se te resista. No hay joyerito o cajita sin supervisar.

Y de repente, esa sensación:

“otra vez me la ha jugado el duendecito de los c******”

Ya sabes, ese personaje que siempre está ahí merodeando por tu casa para aprovechar la primera de cambios y robarte algo- más que robarte, guardarse algo. Eso sí, con el único objetivo de fastidiarte, no para nada más.

Pasan los días, y no es una sola gomilla, ya son tres, cuatro, diez…Ya no encuentras ni el paquete que tu madre te compró en los veinte duros, con esas gomillas que te dan tanto coraje porque no te dan todas las vueltas en el pelo ni te sujeta una coleta en condiciones. Por ningún sitio tampoco están tus gomillas de colorines, esas tan chulas a juego con la ropa. Vamos, que el duende se estará poniendo las botas (duendiles) de tanto reírse a tu costa.

Llega un momento en que te acostumbras. Los lápices que te encuentras por los botes de tu casa se han vuelto ya un elemento indispensable, sustituto de aquellos preciosos objetos elásticos y cómodos. Los moños que te  salen son muy apañaos, dignos de la moda más casual…”a lo japonés”, como diría el Borja (QVMT). No sales a la calle con él, claro. No tienen el glamour gomillero. Solo en casos extremos: calor insoportable cuyos pelos no te dejen respirar, cuando nadie te ve, cuando no te importa que nadie te vea, cuando piensas que así marcarás moda, cuando se lo ves a alguien…en fin, excusas varias.

La ilusión de encontrar aquella gomilla perdida siempre está presente, por supuesto. Pero ya deja de ser una prioridad.

El duende sabe lo que está pasando. Sabe que su objetivo ahora ya no son las gomillas, sino los lápices. Y se va relajando…Y justo cuando ya no te acuerdas, ¡zas! Ahí están: un paquete (¡repleto!) en un cajón del mueble del cuarto de baño, un montón en un cajón de la mesilla de tu padre (?¿?¿?¿?), otras sueltas en un costurero (¿!¿!¿!¿!)…Y es que este duende sabe lo que se hace. Con los trabajos familiares, es lo que pasa.

Por eso, otro de los momentos más emotivos del ser con pelo largo es tener a su disposición un montón de gomillas apropiadas para cada ocasión. Tiene que aprovecharlas, dentro de poco, el duendecito se pondrá a trabajar de nuevo.

Recuerda:

–  El duendecito puede tener varios oficios, no solo esconde gomillas, sino también otros artilugios de uso diario.

– No trates de culpar a los demás, siempre lo negarán. Tu madre jamás ( de los jamases) habrá guardado las gomillas de colores en el cuarto de baño, ni tu padre habrá cogido otras tantas para ponérselas de pulseras. ¡Pero qué locura!

Si queréis culpar a alguien, aquí lo tenéis.

Ladies and gentleman, os presento al Duendecito Gomillero 😉

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4 Responses to Duendecito gomillero

  1. matgor86 says:

    jajaja qué bueno belén!

  2. Mary says:

    🙂 Me ha gustado mucho, yo también tengo mi propio duende gomillero en mi casa…

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