Sin ninguna excusa más


1

Llegó a odiar esa casa. Más tarde supo porqué. No era lo suficiente grande para sus muñecas, las barbis y las sindis eran demasiado altas, muy modernas para esa casa de techos bajos. Ellas, simplemente, no encajaban- metafórica y literalmente hablando.

Pero no desistió- tenía que darle uso a esa vivienda unifamiliar en cuyo buzón rezaba “Al lado del armario, s/n”. Así lo habían querido los Reyes Magos aquel año.

La otra opción eran los pin-y-pons. Ya sabes, más pequeños, menos exigentes con su vestuario y con fácil acceso al frigorífico. Pero con ellos, el problema era otro: no podían sentarse en las sillas. ¿Y qué iba a hacer ella con una casa sin asientos? Eso no era vida…

Así que, tras otros experimentos varios, la casa quedó en el olvido. Al principio de ese abandono, su madre se pasaba de cuando en cuando y ponía algún pañito o limpiaba las tacitas del café. Pero, finalmentel, nadie más volvió a mandar armarios, sillas, visitas o pianos a Al lado del armario, s/n.

Finalmente, hasta aquel día.

2

La casa siempre había estado ahí. Observándola paciente. Recuerdos y pasados desfasados de edad y motivación.

Sin embargo, y aunque le costara entenderlo, esa casa representaba básicamente el patrón de su vida. Siempre poniendo excusas, siempre maldiciéndose, lamentándose, mirando hacia atrás…

¿Qué importancia tenían ya las sillas? ¿Y la altura de las los techos? Si solo era un juego pasado.

Pero aquel día, se topó con ella y abrió sus puertas.

El suelo estaba lleno de polvo aliñado con remordimiento por no ver el agua en mucho tiempo. Sus muebles: doblados, caídos, solos. Y como el que abre el baúl de sus recuerdos e intenta soplar para ver que hay dentro, sus ojos se llenaron de polvo y de pensamientos. De tardes sin deberes, de historias inventadas e inconclusas, de mejores amigas que ya no reconocería por la calle.

Y pensó en todas las excusas a las que todavía no había quitado polvo. Demasiadas para sus X años.

Era hora de empezar de una vez su vida.

De no esperar a que los sueños llamaran a su puerta, de avanzar…sin ninguna excusa más.

Belén Cruz

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3 comentarios en “Sin ninguna excusa más

  1. Estoy contigo en los dos sentidos:
    hace dos años que me puse a hacer un total makeover a mi casita de muñecas, y lleva desde entonces esperando descuajaringada en el trastero. una lástima, pero es una de mis metas antes de los 30!!!
    en lo segundo, es verdad. hay que seguir adelante y limpiar el polvo y coger las cosas como vienen. yo con decirte que a pesar de estar agobiada con el master, me estoy mirando mil cosas que hacer que no quiero dejar pasar. aún así, el miedo no me lo quita nadie y me sigue acosando a diario

  2. Ya hace tiempo que me habían hablado de tí, y no creía que alguien en el anonimato de la fama pudiera expresar tan bien los sentimientos que todos tenemos alguna vez. Perdona que no descubra mi identidad, quizás algún día…
    Yo siempre quise tener una casita de muñecas, pero no pudo ser así, así que puedo imaginar lo encantadora que puede ser la sensación. Pienso que tiene que ser como si tuvieras ahí encerrados tus sentimientos más profundos y que los desempolvas cuando quieres, o simplemente los almacenas a tu antojo indefinidamente. Sigue adelante y límpialos más a menudo para deleite de todos y “de tu madre”.
    Hasta otra. Besitos de un/a admirador/a.

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