Hola. Sonrisa.


Pero es que llegó a su máximo esplendor cuando me dijo “Hola”.

Pues sí. Hacía tiempo que no la sentía.

Que no me arropaba cada mañana como la anterior.

Que no la maldecía irrepetiblemente a la vez que la apreciaba. Así era.

Familiar, predecible y sofisticada como solo ella puede serlo.   Cual puente que subes para volverlo a bajar. Una y otra vez. Misma vista, mismos pasos, mismos viandantes, mismos sonidos; diferentes pensamientos; sensaciones; maldiciones. Quizás también promesas; sonrisas.

Pues eso, decía que llegó a lo más cuando aquel viandante sin nombre me saludó a la altura del puente en el que nuestros pasos coincidían día tras día. Me sonrió. Me saludó. Mi sonrisa, sorprendida, le sirvió como respuesta.

Mismo lugar, misma hora. Mismas personas. En paradas, en puentes, en oficinas.  En órdenes y en cotilleos. En descansos y en minutos extras.  En buenos días y holas. En asentimientos y bostezos.

Eso es.

Presente con sabor de futuro.

Eso es.

Aparentemente.

La rutina.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: