11/07/2013


Jueves

Sí, el Acuarius también me lo había bebido…

Porque, al final de un día largo, con calor y trabajo, después de no querer hacer nada y hacerlo todo… a una siempre le asalta el “¿y ahora qué…?” diario. Sí, el “¿y ahora qué hago? ¿Veo la tele o leo o me salgo al fresco o me veo algo o ceno ya temprano y me acuesto o hago la cama -sí…- o qué….?” Y al final, se te pasa el tiempo, no obtienes ninguna pregunta contestada  y miras el Facebook y el correo y el Facebook y demás modernidades sociales y, harta, decides que puedes encontrar un poco de ilusión en tres conitos y medio que quedan en una bolsa que te encuentras, el sonido al abrir la refrescante lata y la certeza de saber que, con Manolito, todo será mejor. Aunque sean cinco minutos.

Se me acaba de romper una uña, presiento un calor nocturno sin pretensiones y mis pestañas empiezan a pesarme, pero, aun así, aquí estoy, escribiendo por aquí una entrada que llevo pensando todo el día… Sí, lo sé, no lo merece… Pero otra cosa buena del día: cada vez más me encuentro pensando en mil y una historias que escribir y que nunca verán la luz… y eso es buena señal… para mí, aunque no sé para ti 🙂

Cierro la pasta dura por hoy, maldeciré un poco a mi uña por haberme abandonado y me dedicaré a tener dulces sueños. Os deseo parecido, larga vida a vuestra manicura…

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