Picores


Me pican los ojos, me escuecen las cremas y las uñas me crecen descarriladas.

Me salen granitos, se me cae el pijama y los pies los tengo más bien fresquitos.

-.Siento el pareado, no era intencionado.-

“Manta, por favor, hija, no te vayas toda para un lado”, piensa mi subconsciente cada vez que entre desvelos veo asomar mi dedo gordo del pie calcetinil. “Lo siento”, me responde, “soy una manta incorregible, de esas de mercadillos de alta alcurnia”.

Yo, por mi parte, sonrío ante la ocurrencia y vuelvo a caer en coma. En uno de esos comas que hacen que tu sueño te depare un descanso relativo y confort de mil invernaciones.

Mi pican los ojos -sí, soy pesadita con el asunto-, el culito de mi té con canela y miel me espera helado en su tacita y la noche se presenta corta y, ¿por qué no?, todavía joven.

Escribo porque es un vicio, algo sobrenatural que me impulsa a teclear chapurreos mentales y a darle  a “Publicar”.

Disculpen mi imprudencia, pero ya es diciembre y ello me impulsa a blasfemar, a querer que solo  lleguen las navidades para ver más series y sacar la ropa de invierno del armario. ¿Todo lo demás? Espero que pase pronto… como el picor de los ojos, mismamente.

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