Gilipolleces


Se lavó con el champú de él, que olía mejor que el de ella-sería su pequeña travesura del día-, y pensó que debía afeitarse los sobacos inminentemente. Se rió atrevida por lo soez que sonarían sus pensamientos en alto. Gilipolleces. Se relió la toalla a la cabeza cual hipnotizadora de serpientes y siguió tarareando su canción de la semana. Volvió a torcer el morro con cualquier chorrada, como tan bien sabía hacer. Salió al salón, pensó en el algidol que debía tomarse en un par de horas y en si el resfriado común seguiría con su lucha particular por mucho tiempo. Lo miró, le dijo alguna banalidad de esas tocapelotas que tanto lo hacían rabiar y cogió el portátil. Se puso los cascos y la escuchó de nuevo; aún-solo aún- no se sabía el estribillo de memoria. Sonrió. De repente, él se estaba partiendo el culo, estaba envuelto en humo y ella supo que la tortilla quemada casaba genial con una vida maravillosa.

Porque la vida está compuesta de gilipolleces, tuyas y mía. Aunque no leas esto en la vida. Y eso que rima. Y todo 😉

Porque somos él y ella (el ser humano es aburrido, hij@), porque nunca glorificamos las pequeñas tonterías de cada día y solo protestamos cuando nos salen las cosas medio bien. Porque acabo de redescubrir esta preciosa voz y no paro de escucharla y porque me encanta dar explicaciones, porque…

Ya lo sé, porque solo son gilipolleces.

 

Sin título

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: