Lo encontré por casualidad, igual que casi todo últimamente, a través de Facebook. El poder mágico de escribir, se llamaba el artículo. Y me acordé que algún día este blog también me servía para eso, para dar rienda suelta a mi magia y que cuando alguien me leyera -si caía la breva… ;)- compartiera mi sombrero de copa conmigo y se quedara a la función del día. Mi pregunta es la siguiente: ¿cuándo empieza un blog a ser parte de tu diario personal, íntimo e intransferible? ¿Cuándo sabes que lo que escribes no es solo para ti y empieza a ser de interés público? Mil y una veces he empezado a escribir una entrada en pleno momento de apogeo de un sentimiento y me he parado, he pensado (maldita sea con los pensamientos de turno, por cierto), lo he borrado y le he dado a la X del editor.

Ser autocrítica, con chispa, aguda e interesante a la vez es algo tan incomprensible a veces que duele tener que darle la razón a eso que llaman conciencia.

La cosa es que cuando me doy cuenta de que haga lo que haga nunca estaré tranquila, segura, confiada en mi misma; que cuando me doy cuenta, ha pasado ese fin de semana o ese mes, los 25 o los 19 de  junios de notas y veranos libres… Cuando me doy cuenta de que ya no soy eso nunca más y tampoco soy lo que fui el año pasado, que lo que solo vale es lo que soy hoy, me da miedo. E intento que no, pero sí. Y hablo en alto conmigo misma como siempre y no quiero salir del sofá, pero tampoco quiero quedarme; quiero salir a comprar una lechuga, pero mejor pienso en depilarme y luego creo que estoy haciendo el canelo porque debería estar con el máster pero a la misma vez me miro las uñas y pienso que me gustaría tenerlas más largas aunque si me pongo lentillas las voy a estropear pero ¿qué lentillas? si aún me las tengo que comprar y ya tengo otra vida en el Candy Crush y encima no paro de rimar… Cuando me doy cuenta de que no necesito comas en ninguna frase porque no hace falta, cuando me doy cuenta de todo esto…. en fin, la vida, al menos, es mucho más agradable.

Y la lista sigue, y mi cabeza no para y no para. Y pienso, Dios, ¿así es todo el mundo? ¿Y todo el mundo siente un agujero por dentro por tener la incertidumbre de no saber si todo lo está haciendo bien? Y después pienso que debería ponerles comillas al Dios en la anterior frase porque, obviamente, no es mi dios y suma y sigue.

Si a estas alturas estás deseándome lo peor porque te duele la cabeza de todo este rollo, bienvenid@ a mi mundo. Si estás deseándome lo mejor, bienvenid@ a mi  mundo;) Eah, ya está, mi diario de hoy, ¿algo que compartir tú en el tuyo?

 

  ******Bonus track: últimas series visionadas*******     Infieles (2013) Poster      

De librísticos y filmísticos


Lo sé, sé que sabes que no hay excusas para dejar de escribir cuando apenas tienes tiempo ni para mirarte al espejo y desearte los buenos días, pero para eso sirve dar la vuelta a la tortilla de la vida y acostarse algo más tarde en esta noche de domingo de esta preciosa primavera.

Este blog nació principalmente porque me apasionaba leer y quería compartir con vosotros el porqué de esas pequeñas cosas que complacen en el día a día. Y este es el motivo de la breve entrada de hoy, exponer mis tres últimos hallazgos librísticos y proponeros un extra fílmico -qué me encantan adjetivar estas cosas, ¿se nota, no? 😉

El primero, una secuela de una de mis pelis favoritas por excelencia, la tercera entrega de El diario de Bridget Jones: “Mad about the boy” (“Loca por él” en español).

Me ha gustado bastante, tanto a nivel lingüístico (los que me conocéis, ya sabéis que aprovecho esto también para seguir bebiendo y aprendiendo de la lengua que hago llamar “segunda”) como a nivel de historia y progresión de los personajes. Bridget ha crecido y, con ella, su cuento. No se descubre América ni sobresale por su originalidad o versatilidad, pero la verdad que es entretenido, simpático y de esos que te sacan diferentes tipos de sonrisa (de complicidad, de picardía, de solidaridad, de rebeldía, de angustia, de soledad o de compañía). Sigo diciendo que, pese a todo pronóstico, prefiero ver las pelis de Bridget (al menos la primera!!) mil veces antes que el libro, pero para gustos, colores… De todas formas, me leí una traducción de esas que daban con un fascículo, así  que a lo mejor este verano entre Breaking Bad y mil y  otras series que me quiero ver le doy una tregua y me lo leo en inglés 😉

En resumen: si te gustaron los primeros, te molará este. Si solo te viste las pelis y no te leíste los libros, podría ser un buen final para la saga -por si acaso no hay tercera película (¿¿alguien sabe algo??). Bridgetablemente recomendable 🙂

 

Me lo recomendó una de mis alumnas y me lo pillé, por supuesto. Me encantan las recomendaciones que coinciden con mis gustos y que se hacen desde el cariño profe-aprendiz 😉 La cosa es que sé que Marian Keyes es muy popular y demás, pero nunca me había dado por leer ningún libro de ella a propósito (salvo por “Por los pelos”, podéis leer mis locuras sobre él allá por 2010 aquí ), que venía precisamente en el fascículo mencionado de Bridget 😉  Este me lo he cogido en versión original y la verdad que no ha empezado mal. Es bastante largo, así que a ver si me pongo en serio con él 🙂

 

Y de nuevo, nuestra Marta Rivera de la Cruz. No sé si os acordaréis, pero es una autora de la que realmente me gusta leer lo que hace (podéis recordar algunas reseñas mías por aquí). Hace  varios años me compré varios libros suyos y hace poco caí en la cuenta de que este se había quedado en la reserva, así que como nunca es tarde si la chicha es buena -o algo así… ;)- aquí os lo traigo: le he quitado el polvo y ya me acompaña de viaje de mi habitación a la cocina o al salón, así que pinta bien de momento (algo lento para mi gusto, pero con buena letra). Por cierto, ¡me tengo que hacer con su último libro, que no lo tengo!

 

 

Para mí, si Javier Cámara sale en una peli sé dos cosas: que va a estar entretenida y que el espíritu de Paco Jimeno estará rondando a mi alrededor aportándome buen rollo. Aunque todo tiene una excepción, por supuesto… Esta me ha aportado más de lo segundo que de lo primero, pero no está mal. Bastante lenta, un poco forzada en algunas cosas, pero tiene unos puntos simpáticos y curiosos y el Cámara es profe de inglés, ¡con eso, a mí me valió la pena! Recomendable si vas predispuesto a no encontrar nada novedoso y a disfrutar de lo que la película te pueda ofrecer por sí sola; te gustará si eres incondicional de este hombre 😉 Que, por cierto, también me tengo que visionar “La vida inesperada”, que tiene buena pinta 🙂

Lo dicho, a leer mucho y a ver mucha imagen en movimiento.

Que comáis perdices y, si queréis, ya… sed felices… de paso y si se tercia. 

Ocho apellidos vascos….


 

… o cómo querer volver a reírse de nuevo con una película en el cine.

No había visto el tráiler ni una crítica ni ningún anuncio en la tele -exacto, Telecinco y yo no… Nada personal 😉 -. Ni siquiera sabía quiénes eran los actores hasta que no he visto el cartel en el cine. Solo sabía que iba de un andaluz y una vasca, que era a lo comedia española y que todo el mundo decía que tenía que ir a verla. Y cuando digo todo el mundo, es TODO EL MUNDO: es increíble como el boca a boca puede seguir siendo la clave de películas como esta.

Nada más llegar al cine, veo que no hay una ni dos salas… sino que son tres salas las que ofertan la misma película con una variedad de horarios apabullantes para lo que me tenían acostumbrada, y más para una españolada… En la taquilla comprando las entradas, mi madre, como siempre, en la parra me dice: “Niña, ¿pero le has dicho a qué película vamos?”. “Ocho apellidos vascos, “, dice el vendedor, “todo el mundo viene a esa. Está siendo una pasada, y eso que ya se va relajando la cosa, porque estas semanas atrás ha sido una locura. La verdad que no lo entiendo”. O algo así fue la conversación, mi memoria tan poco da para más exactitudes.

El caso es que lo sigo flipando cuando la sesión del sábado a las 17h del cine está a abarrotar, con un día soleado como pocos afuera y con lo caro que está la entrada. Familias, chavales, parejas, grupos de amigos de todas las edades, madres e hijas… Y desde el principio, desde el primer minuto, un no parar de reír: es increíble encontrarme a mí misma riéndome de estereotipos que, a simple vista, siempre me habían dado un coraje horrible…

Pero necesitamos reírnos, pagar por ver algo que nos despeje de la realidad, con el que nos sintamos identificados aunque solo sea para pensar “¿de verdad hablo yo así?” y esas cosas inevitables de vernos en los ojos de los otros. Los dramas, las obras maestras y los pelos de punta los dejamos para las cenas de gala y las alfombras rojas de turno. De vez en cuando, necesitamos risas y alboroto, escuchar carcajadas, cuchilleos al de al lado comentando un chiste, alegría constante y bromas tras otras sin que resulten pesadas y sin que te pongan nerviosa.

Es previsible sin llegar a ser cansina, es de topicazos sin llegar a ofender y hace reír como cualquier club de la comedia de hora y media que se precie; con pantalla de cine y con una fotografía preciosa.

El resumen no es más que una frase que una crítica que acabo de leer por el ciberespacio:

  Solo sé lo que le diré a mi mujer: “Te vas a reír”. Como si eso fuera poco hoy en día.

Mi sensación: me he quedado con ganas de verla de nuevo para disfrutarla

sin estar pensando en que me voy a -LITERALMENTE- evacuar de un momento a otro de la risa…

Otra historia que contar


Hoy tenía pensado en contaros que cómo un día cualquiera se había convertido en un día de esos rutinarios con encanto.

Cómo, a pesar de la lluvia y la tempestad, me dispuse a arreglar papeleo contra viento y marea-literamente- buscando una cita inexistente en una calle en la que, según las leyendas del lugar, solo Google Maps conocía. Os iba a relatar la maravillosa historia del porqué no me pude resistir a pedir 1/2 tostada con tomate y jamón al ver al camarero creando maravillosos platos con bellezones para alimentar a un banquete entero. Luego, pensé también en añadir la risa que me tuve que contener al ver a uno de esos “hombres mayores de pueblo” plantarse en medio de la calle  y decirme algo así como “¡mira qué guapa está ella con su gorra!” porque sí salido de la nada o como, misteriosamente, le compré a mi madre un rimel-hacendado-transparente  porque me gustó las letras rositas que tenía y resultó que, mágicamente, justo esta mañana se le había acabado uno y la cara que puso al ver que precisamente le había comprado uno, aludiendo a mis poderes sobrenaturales a los que modestamente les resto importancia…

La historia continuaba con maldiciones y perjurias a la maravillosa idea de Window de dejar de dar soporte al XP y cargarme con más trabajo del que ya tengo.

Sin embargo, el cuento aburrido del día iba a acabar con que había sido uno más, un día cualquiera de esos que te sacan sonrisas, pero que no dejan de traernos preguntas sobre quiénes somos y lo que queremos ser, sobre lo sencilla que es la vida a veces y lo que nos la complicamos y ese tipo de cosas. Pero no, mi historia no acaba aquí.

Finalmente, me decidí por ponerle fin a un destierro de cuatro días de las redes sociales por evitar spoilers indeseados. Me dispuse a verme los cinco capítulos de una de las series que más me ha marcado, con la que más he reído, con las que -creo- menos he llorado, pero con la que mejor me lo que pasado con diferencia. No voy a hablar de finales, sino de principios. Rara vez me acuerdo de cuándo empecé a seguir una serie, más que nada, porque sería difícil seguir la pista a tantos capítulos pilotos. Y definitivamente, sí que me acuerdo de los primeros minutos de esta. De esa voz en off y de cómo me enganchó desde el primer segundo. No creo que se pueda conseguir un final excelente para algo que nos ha acompañado durante tantos minutos. Más que nada, porque sería injusto. Los finales son solo formas de bajar el telón de forma elegante y de dar algo de consuelo. ¿De verdad que se consigue tal cosa alguna vez? Hace una hora que sus guionistas se han despedido de mi carpeta de archivos nuevos y no siento un vacío, sino una historia que contar. Como la del día de hoy, rutinario como tantos, pero imprescindible como todos.

Debería poner la alarma de mi rutina  y bajar la persiana por hoy, a ver si mañana quedan más historias que contar.

It’s gonna be legend… wait for it… dary 😉 That’s for sure.

The story of my life


Este post es un breve recordatorio de que la vida, por muy lluviosa o gilipollezca que parezca a veces, puede seguir siendo maravillosa.

Es un tener presente que, aunque descubras un domingo a las 00:20 de la noche que una de las canciones que tarareas a menudo es el producto de un ataque de hormonas con gomina y te sobresalte la duda de si aún tienes activado el botón de “todo-el-mundo-sabe-en-facebook-lo-que-escucho-en-el-spotify-menos-yo”, la vida puede seguir siendo divertida.

Este es, en definitiva, un buenas noches después de un día de seguir comprendiendo que las lágrimas, por muy amargas que parezcan, siempre son purificantes; siempre te ayudan a sacar algo bueno y a verte más guapa cuando te ríes. “Llorar es bueno, limpia los ojos y el alma”, me dijo alguien a quien quiero mucho. No lo borro del posit de mi escritorio desde entonces.

Espero que hoy hayas reído mucho, llorado otro tanto y enfadado lo menos posible. Yo lo he cumplido todo a rajatabla, así que me voy a la cama tranquila. Eso sí, cuando deje de mover la cabeza al son de la música sentida cual perrito de plástico feliz porque… acabo de descubrirme llorando al ver un videoclip que jamás pensé que a) vería entero y b) me gustaría.

…The story of my life, anyway…

De manicuras librísticas va la cosa hoy


Lo siento, de cuando en cuando, una escritora de mi talante y categoría tiene que abandonar el placer innato de la belleza escritora por este otro placer que se llaman uñas y que viene hoy personificado en forma de color rosa (quien quiera copiarme el estilo, que pulse aquí. Lo sé, soy irresistiblemente moderna…).

Sin embargo, no podía dejar de pasar este domingo sin exponer brevemente mis últimas novedades librísticas.

TOP 3 de este último mes:

En primera posición, se encuentra el maravilloso enganche devorado en menos de una semana,

el maravilloso…

En segunda posición, llega la interesante historia, llena de moda y gossips de última hora, que no pude parar de leer desde que me la regalaron…. La fashion fashion novela de…

Y en tercera posición, no menos importante, la arrebatadora Bridget Jones vuelve a conquistarme de nuevo…

Es el cuento que estoy disfrutando ahora, a ver cómo se va desarrollando…

La echaba de menos, sinceramente…

Y sí, como veréis lo leo todo en la lengua patria, ¿pero qué le voy a hacer? Si hay que volverse loca, ¿qué mejor que creyéndose una friki masoca que disfruta con hacerse listas de vocabulario con palabras que nunca usará en la vida real y que se flipa pensando en las traducciones más apropiadas a cada jeroglífico cultural intraducible, no?

En fin, ¿alguien por ahí que esté disfrutando de algo de esto?

Drama Queen y el alquiler perdido


Llega un momento en todo espécimen cada vez más raro de ser humano que se precie en el que tiene que empezar a plantearse abandonar el cómodo nido y ponerse en la búsqueda de un nuevo hogar. Es la época plateada que pensabas que no llegaría: Ikea empieza a formar parte de tu vida y las conversaciones entre amigos dejan paso a “he encontrado la cortina del baño perfecta” o “mi plaza de garaje es más grande que la tuya”. Te consuelas pensando que, por lo menos, no eres tan aburrido como aquellos que no paran de hablar de pañales y noches sin dormir, pero no es lo mismo… Te haces mayor (da igual si tienes 27 como si tienes 42). La vida ya no consiste en encerrarte en tu cuarto y taparte con la almohada cuando algo va mal, ahora te apetece tener una cocina grande con un buen frigorífico para tener fresquitas tus propias cervecitas. Te imaginas haciendo fiestas en las que tienes que cantar bajito en el karaoke a partir de las 12 y jugando al UNO con chupitos de licor sin alcohol por no cogerla “como la de aquella vez”.

Tu vida está cambiando y no hay vuelta atrás.

Y a esto no contribuye, en absoluto, ver los incesantes realities televisivos de pacotilla que dañan seriamente la salud de tu cerebro inconformista. Y no, no me refiero a casas repletas de frescas y chulos de playa, modelos 120-50-90 con cirugía en las pestañas intentando perder peso o a cómo hacer el “pollo au Hacendado” perfecto. Voy más allá: mi mundo mental se derrumba al no encontrar a ningún agente inmobiliario que me regale unas vacaciones en las Bahamas mientras que me hace la mudanza y me encuentra la casa, literalmente, de mis sueños por 415 euros al mes (comunidad incluida).

Me da igual que te rías, pero así de preocupada estoy yo ahora con el tema. Quiero muros que tirar con martillos de plástico para dejar paso a una magnífica cocina con electrodomésticos de titanio de primeras marcas y un bate que me congratule con una acordes celestiales cada vez que tiro de la cadena. Todo ello con música marchosa y planos cortos con mi mejor pose. Quiero una zona REALMENTE bien comunicada, con todos los servicios (sí, también el de catering incluido si el casero accede) y, a ser posible, con la cristalera del salón mirando a las montañas de Hollywood. Bueno, y ya de paso con un montacargas para el jet privado para que las comunicaciones terminen de ser óptimas.

Necesito, por supuesto, un despacho con calidades de lujo (una no subtitula en cualquier sitio) y absoluta intimidad, nada de vecinos indiscretos o de niños ruidosos. El garaje tiene que ser lo suficientemente amplio para la limusina (sí, esa que tendré cuando me toque el cupón que nunca compro) y con un jacuzzi que, por favor, tenga respaldo regulable.

Todo tendrá un sistema de autolimpieza-recoge-mierda-automático que, junto con un sistema domotizado, me dará los buenos días por las mañanas mientras el microondas me avisa con voz sensual de que mi café estará listo en breve.

En cuanto a la búsqueda, nada de anuncios cutres de Internet de segunda mano, mi obsesión me pide varios tipos de cuadrillas con agentes inmobiliarios trabajando para mí. A elegir entre:

a) Un trío compuesto por dos fashion decoradores con grandes aires de grandeza que me insulten por cómo tengo el actual cuchitril en el que vivo y me repitan por activa y pasiva que JAMÁS de los JAMASES podré emular mi estilo en mi nueva casa. Les acompañará Lilian, que se convertirá en mi nueva amiga del alma, a pesar de las discrepancias al comienzo por el color de las paredes, y que aportará el alma  femenina al hogar. La sexualidad de los integrantes no me importa, no soy fetichista. Que huelan bien, eso sí.

b) Una pareja compuesta por dos cuarentones con aspiraciones a actores de cine truncados que se apuestan grandes cantidades de dinero a ver quién nos salva primero el culo. Ni qué decir tiene que arriesgarán su vida con los contratistas más peligrosos por conseguir la casa de nuestros sueños más soñados a buen precio. Estarán dispuestos a cambiarse incluso las caras para regalarnos los ojos mientras van al Ikea a buscarnos los muebles y se apuestan 20 euros al bidé que nos gustará más o al lavavajillas perfecto.

c) Una cuadrilla integrada por A y B que nos encuentre una casa debajo de un puente con aire acondicionado y cierre centralizado… Pero, eso sí, con glamour: debajo del Golden Gate por lo menos, con magníficas vistas a Alcatraz.

Conclusiones: llorar no sirve de nada (si lo hubiera sabido antes.. ¬¬), y tampoco que te entre ansiedad ante tanto mueble usado o ventana traslúcida incompetente o qué sé yo… Que tus parientes, a los que adoras, pongan caras raras y te miren como diciendo: “¿De verdad que te gusta esta mierda?” y que te entre el remordimiento por pensar que estás malgastando un tiempo precioso metidas en casas de otras gentes cuando deberías estar metida en la tuya no debe poder contigo.

Lo sé, esta telebasura es lo que tiene. No fuman ni se emborrachan ni follan (nótese mi tono pasivo-agresivo de hoy) ni dicen palabrotas, pero te envían el peor mensaje de todos:  al final, todo tiene su final feliz. Pero, amig@, la vida en realidad no es así… aunque te veas sonriendo al ver que no hay cola en el Mercadona después de 10 horas en la oficina.

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