Bye, Wisteria Lane…


Me la mencionaron cuando aún eran sus comienzos en la pequeña pantalla, pero no le presté demasiada atención. Por aquel entonces, empezaba la universidad y no era aún esa crazy series person de la actualidad…

Años después, se me presentó oficialmente en forma de tour turístico por sus escenarios reales: trenecito, Universal Studios, California, la mejor compañía- que aún lo sigue siendo-, risas, vídeos, fotos… Increíble, ¡estaba en el mismísimo set de la serie! Meses después, con Wisteria Lane en mente, con esas casas tan perfectas en la memoria, decidí darle una oportunidad.

De esa oportunidad hace ya más de cuatro años. Y hace apenas unos minutos que la he acabado.

Este post no es más que unas palabras de desahogo después de ver hora y media de lágrimas, risas y sentimientos compartidos con la Belén de hace cuatro años. Y es que cuando una serie forma parte de tu vida, te acompaña cada semana durante tanto tiempo, creas un vínculo con los personajes que sería impensable con una película. Será por eso que me gustan tanto los fascículos en imágenes. Será por eso por lo que estoy escribiendo esto en vez de estar haciendo otra cosa. Y seguro que será por eso por lo que he dejado apartado en una carpeta este capítulo final unos días.

Después de retrasarlo una y otra vez, finalmente, lo intenté ver el viernes, pero casi sale ardiendo el microondas al calentar unas palomitas que quería hacer para disfrutarlas con capítulo. “¿El microondas casi explota? Mal augurio, mala suerte, ¡otro día será!”. Puede parecer a chiste, pero es verdad verdadera e incluso el nuevo microondas ya está en su lugar.

Por supuesto, no he intentado comer palomitas esta vez (una explosión ya me basta) y decidí tomar mi primer helado de cucurucho de la temporada… y justo al darle al play, empieza a tronar y a llover granizo. Pensé en que era otra mala señal, que “cómo iba a comer helado si de repente hacía un frío que pelaba y yo en tirantas y calzonas…”, pero vencí al mismo último adios, me eché una sudadera por encima, baje las persianas y le di al play de nuevo.

1hora 20 minutos y 20 segundos después aquí estoy, escribiendo de estas mujeres que, desesperadas o no, always made my day.

De Bree me quedo con su fortaleza, lealtad y entereza. Por su saber estar, por su calidez de voz y por su imperfecta perfección.

De Lynette, con su fuerza, con su cotidianidad y con su espíritu de lucha incansable y cercano.

De Gaby, con su ambición, su orgullo, su pasión y carácter invencible.

De Susan, sin duda, con su generosidad e inocencia. Con su amor infinito para todos.

Del resto… Bueno, los clines y las mangas de todo lo que pillaba a su alrededor dan a entender que tampoco lo han hecho nada mal…

Voy a echar de menos ese misterio en cada temporada y esas cestas de magdalenas a rebosar de Bree. Los macarrones con queso incomibles de Susan y los gestos estridentes de Gaby. Los moños a medio hacer de Lynette, las palabras de Mike o la voz de Mary Alice engranándolo todo…

Bye, Wisteria Lane… Bye, Bye.

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